A través de los siglos, gente de
todos los géneros, edades, nacionalidades, razas, profesiones, etc., han
sufrido, por razones desconocidas, el desprecio de sus semejantes. Desde el
fenómeno recientemente bautizado como “bullying”, pasando por el esclavismo, e
incluso por el genocidio de judíos por alemanes, agotes
por vascos, y africanos por anglosajones, parece ser que el hombre se ha
empeñado en demostrar que es el lobo del hombre.
En términos de genética, a esto
se le conoce como “competencia intraespecifica”, es decir, la rivalidad feroz
entre especies que están relacionadas entre sí, y que comparten un nicho
evolutivo similar. Un claro ejemplo para explicar esto es lo que ocurre cuando varias
hormigas negras se encuentran con una roja y la matan por el simple hecho de
ser diferente a ellas. A esta lucha darwiniana se le conoce, ni más ni menos,
como el “Complejo de Caín”.
Pero, para entender mejor esto,
debemos de hacernos una pregunta ¿Quién es Caín? Según el Génesis bíblico, su
historia es la siguiente: A Caín y Abel, hijos de Adán y Eva, se les pide un
sacrificio en nombre de Yhave, que consiste en la tercera parte de su
felicidad. Caín, primogénito, le ofrece la tercera parte de su cosecha, pues
era agricultor, mientras que Abel, segundo hijo, siendo pastor, sacrifica su
mejor ternera. El sacrificio de Abel sube humeante al cielo, y el olor es
agradable a Yhave, mientras que el de Caín pasa desapercibido. Adán
reprende a Caín y este se marcha furioso, pero los celos hacen que en su corazón
vaya creciendo una semilla de odio en contra de su hermano. Finalmente, Caín
mata con la quijada de un burro a Abel. Yhave, colérico, le pregunta donde
esta su hermano, a lo que Caín contesta ¿Acaso soy el vigía de mi
hermano? Entonces Caín es maldito por su crimen y desterrado a la tierra
de Nod, condenado a vagar hasta el día del juicio llevando una marca,
lunar o cicatriz, en el rostro, que impide que alguien lo mate. Si alguien
llega a herirlo, sufrirá el mismo mal que le infringió, pero multiplicado
por siete (la llamada "venganza de Dios").
Sin embargo, tradiciones iguales
o más antiguas que el cristianismo nos ofrecen una historia diferente, en la
cual Caín, al ver su primer sacrificio rechazado, se da cuenta de que la
tercera parte de su felicidad, junto con sus padres, es su hermano, por lo que
decide ofrendarlo al señor. Caín es desterrado y maldito, y gracias a la marca
no puede morir ni dormir, y es destinado a vagar hasta el fin de los tiempos, extendiéndose
esta maldición a todo su linaje.
Aquí, entonces, se abre otra
interrogante, que es la que nos ocupa ¿Qué es La Marca de Caín? Según la tradición
cristiana, la marca puede ser un lunar o cicatriz en el rostro o la cabeza,
mientras que en el Zohar se afirma que es la palabra “vav”, sexta letra del
alfabeto de Esdras. Sin embargo, la palabra “owth”, que en el Génesis ha sido
traducido como “marca”, en la Torah es usada para anunciar señales, milagros, o
profecías (como el arcoíris que indico el fin del Diluvio).
Tenemos, pues, dos
manifestaciones de La Marca, una física y una espiritual; por el lado físico, según
algunas teorías, La Marca podría heredarse o presentarse en forma de enfermedades
cutáneas como lepra, acné, sarna, cicatrización queloide, herpes, etc. En el
siglo XVIII se difundió la teoría de que La Marca de Caín era la piel negra, lo
que propicio una ola de racismo que fomento el esclavismo. Por el lado
espiritual, La Marca confiere a quien la porta un halo de soledad, fuerza y
oscuridad que lo separa del resto del mundo.
El Génesis, como ya antes dije,
menciona que la Maldición de Caín se transfiere a toda su descendencia, pero
¿De dónde surge esta, si se supone que no existían otros seres más que Adán,
Eva, Caín y Abel? Nadie ha sabido aclarar esto, pero hay muchos indicios de
que, además de la raza humana, había otras razas habitando la tierra (de las
cuales, precisamente, Yhave protege a Caín al ponerle La Marca).
La tradición judeocristiana nos
dice, sin entrar en muchos detalles, que Caín toma como su esposa a Zilla, con
la que da a luz a Enoch, su primogénito, en cuyo honor funda la primer ciudad, nombrándola
igual que su heredero. Con el paso del tiempo, la estirpe de Caín se funde con
la del tercer hijo de Adán y Eva, Seth; sin embargo, la rivalidad y diferencia entre
ambas razas comienza a hacerse visible, y al ser la raza de Seth más numerosa,
la de Caín comienza a ser relegada socialmente (expresandolo en términos de Mendel,
los cainitas son genes recesivos, mientras que los sethitas son dominantes).
El registro bíblico menciona que
la raza de Caín se distinguió por la cría de ganado, por su talento para la poesía
y la música, por su habilidad para forjar y manipular herramientas de metal, incluidas
armas, así como por ser nómadas, practicar la poligamia, y por su violencia (en
términos de genética, se le conoce como La Marca de Caín a la predisposición a
la violencia que algunos individuos tienen inherentemente, y está asociada a
trastornos como la psicopatía). Según el Génesis, el linaje de Caín se habría extinto,
junto con prácticamente toda la humanidad, durante El Diluvio, pero esto no es
del todo cierto. Según leyendas, como todos los sobrevivientes, se dispersaron
a lo largo y ancho del globo.
A través de la historia, muchas
razas han sido acusadas de ser descendientes de Caín, como los judíos, los
agotes, los africanos y los gitanos, entre otros. Incluso Joseph Smith,
fundador de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, y
responsable de la publicación del Libro de Mormón (supuestamente atribuido a un
ángel), asegura que los Olmecas eran la tribu perdida de Israel, y descendían de
Caín.
Respecto a los mal llamados “Olmecas”,
en realidad “El pueblo de la Serpiente” (por su adoración a la Serpiente
emplumada), se sabe poco o nada de su origen. Sin embargo, en La Venta, Tabasco,
podemos encontrar rastros y pruebas de su descendencia mesopotámica al observar
las esculturas de la raza de hombres serpiente-jaguar, cuyos rostros poseen
rasgos negroides (el labio superior hinchado era para representar, junto con el
labio inferior, a dos serpientes formando un ciclo, similar a lo que representa
la figura, también órfica, del Ourovoros, la serpiente que se devora a si
misma), y están adornados con tiaras de estilo egipcio. La más inquietante de
estas pruebas la constituye la escultura de un niño con un cuerno en la frente
y los ojos abiertos sin parpados, para demostrar que siempre está despierto
(estos rasgos tienen un significado esotérico del que más adelante hablare).
Este niño es ni más ni menos la representación mesopotámica del Linaje Real, la
marca de los Hijos de la Serpiente Enki Ninziggidda.
Aquí surge otra pregunta ¿Quiénes
son esos Hijos de la Serpiente, y qué relación tienen con Caín? Según los gnósticos,
Caín no fue hijo de Adán, sino de Eva y la Serpiente/Lucifer, y el verdadero
pecado original fue el descubrimiento del sexo, en el que Eva fue iniciada para
después transmitir a Adán. Caín, entonces, no fue un niño totalmente humano,
tuvo algo espiritual, pues la serpiente/Lucifer provenía del mundo
incognoscible del espíritu. A esta teoría, que el catolicismo ha tratado de
ocultar (no con mucho éxito, ya que incluso en el Nuevo Testamento, en la 1er epístola
de Juan, capitulo tres, se señala “No como Caín, que era del Maligno), se le conoce
como “La Semilla de la Serpiente”.
Antes de continuar, me gustaría hablar
un poco sobre dicha serpiente. En el Génesis, originalmente la Serpiente no se
arrastraba; es hasta después de enseñar la fuerza sexual del Yesod a la mujer,
que es condenada a arrastrarse sobre la tierra. Esto, por supuesto, es una metáfora
que nos habla sobre su calidad de deidad del inframundo. Justamente por eso los
olmecas la adoraban en cuevas. La Serpiente es la energía que habita en las
profundidades del ser. Es el nun primordial, el mem es el útero. Como es arriba
es abajo: Kundalini. También es Samael, la contraparte masculina de Lilith,
quien a su vez habría de iniciar a Caín en los misterios de la oscuridad (el
sexo sagrado incluido).
Retomando nuestro estudio sobre Caín,
y la llamada “Semilla de la Serpiente”, es momento de hablar precisamente sobre
los esfuerzos que la Iglesia ha hecho con tal de silenciar esta teoría, púes siempre
la han tenido como algo cierto. La mal llamada “santa” Inquisición, tenía en
realidad cuatro propósitos: Subyugar a la mujer, acabar con el “paganismo”,
unificar todo el conocimiento bajo la supervisión de la Iglesia, e identificar
a otras “razas” que no descendían de Adán y Eva. Las llamadas “razas malditas”,
como los ya mencionados agotes y gitanos. La Semilla de la Serpiente.
Por más de doscientos años se cazo y dio muerte a miles de individuos bajo los más
absurdos pretextos, pero las pruebas contundentes vinieron a raíz de la quema
de brujas española, durante la llamada “Epidemia del sueño vasco”, cuando el
rey de Navarra, animado por el obispo de Burdeos, les realizo varias pruebas a
los agotes, bajo sospecha de ser descendientes de Caín.
Siglos antes del juicio, los agotes,
de ascendencia goda, ya habían sido señalados y marginados. Prácticamente
albinos, de ojos grises azulados, se decía de ellos que tenían los pies
palmeados como pato, e incluso una deformación en la espalda baja que daba la impresión
de ser un rabo. Se marcaban sus ropas con una “pata de oca” roja, y se les
obligaba a usar una campanilla al cuello, como ahora se hace con los gatos. Se decía
que transmitían “lepra del cuerpo y lepra del alma”, por lo que les era
prohibido tener descendencia con alguien que no fuera agote. Las iglesias tenían
una puerta y un área especial para ellos, y se les prohibía andar descalzos,
criar ganado, cosechar, ni sentarse a la misma mesa que alguien que no fuera
como ellos. Si alguien transgredía estas leyes, era clavado a la puerta de las
iglesias, para poner el ejemplo.
Fue tal la marginación que
sufrieron, y al no tener muchas formas de sustento y contacto humano, que con
el paso del tiempo se dice que recurrieron al canibalismo y al incesto, además de
desarrollar problemas genéticos tales como tendencias psicopáticas, cretinismo
y sindáctila, volviéndose aun más desagradables a los ojos de los demás.
Solamente se les permitía ejercer los oficios de sepulturero, cantero, y
carpintero, pues se consideraba que así no contagiaban sus males. Estos oficios
les permitieron trabar buena relación con los Templarios, probablemente los únicos
que les dieron un trato digno y humano, quienes los emplearon en la construcción
de sus templos y hogares, sabiendo que eran confiables para guardar sus
secretos.
Fueron precisamente los
Templarios quienes les ayudaron a que fuera promovida una bula en su favor,
para que no siguieran siendo discriminados (cosa que no sirvió de mucho).
Finalmente, gracias a los estudios realizados por el rey de Navarra, que
concluyeron que, efectivamente, los agotes eran una raza distinta a la humana,
fue que se les dejo en paz, pues la Iglesia no quería que esto saliera a la
luz, ya que atentaba contra la base misma de su doctrina, la cual dice que
todos somos hijos de Dios. Incluso se dice que la Inquisición termino gracias a
este hecho.
Este estudio realizado con los
agotes, accidentalmente sentó las bases de lo que más tarde sería la genética. En
1907, el antropólogo alemán Eugene Fischer, siguiendo los pasos de su ídolo,
Francis Galton, científico británico fundador de la eugenesia, llega a Namibia
a estudiar a los Koishan, donde confirma sus sospechas de que había habido una especiación
en la humanidad (aunque aun no está definido el proceso de especiación, es
decir, cuando una especie se convierte en otra distinta). Pero Fischer no hacia
estos estudios de forma altruista, sino porque creía en una jerarquía de las
razas humanas, teniendo al hombre blanco en el nivel más alto.
En 1933, llega Hitler al poder.
Durante su encierro, además de escribir su “Mein Kampf”, se dedica a leer y
releer a Nietzsche y a Fischer con avidez. Hitler, entonces, le da a Fischer el
puesto de Rector de la Universidad de Berlín, y lo envía en 1940 a un campo de concentración
en Gurs, con el objetivo de dar validez a la teoría nazi de las razas,
reuniendo a los especímenes genéticos más interesantes del entorno: Gitanos y judíos,
franceses y vascos, españoles y agotes. Cabe señalar que, entre los múltiples
descubrimientos que Fischer hizo en este periodo, está el descubrimiento ni más
ni menos que del ADN.
En 1941, Fischer reitera que los
agotes se habían distanciado genéticamente del homo sapiens como consecuencia de
su aislamiento, lo cual entusiasma a Hitler, pues según él era la prueba de que
el nazismo no era más que biología aplicada, como siempre había dicho. Por
desgracia, Fischer descubre que otra especie se estaba separando también del
homo sapiens: Los judíos. Debido a su auto segregación religiosamente impuesta,
sus reparos contra la exogamia, y el aislamiento en gethos, además de que las
mujeres judías consideraban más deseable a un hombre inteligente que a uno
rico, fuerte, o bien parecido, los judíos estaban evolucionando genéticamente,
dotando a su raza de una inteligencia mayor a la del promedio. Fischer le dice
a Hitler, algo temeroso, que los judíos se estaban convirtiendo en una especie
superior (se dice que hay correspondencia entre ellos que prueba esto), incluso
sobre los alemanes, por lo que en 1942 Hitler da la orden de exterminar a todos
los judíos europeos.
Según rumores, Hitler chantajea a
la Iglesia católica con el fin de no revelar los descubrimientos hechos por
Fischer en relación con la Semilla de la Serpiente, firmando con ellos un
acuerdo conocido como “Tratado de Milán”. En realidad Hitler no tenía intención
de revelar esto, pero consiguió un poderoso aliado. Hasta la fecha se critica a
la Iglesia por haber permanecido en silencio con respecto a la Shoa, ayudando así
a los alemanes al genocidio.
La Marca de Caín, como podemos
ver, ha traído terribles consecuencias a quienes la portan, pero ¿Realmente es
una maldición? Si es así ¿Por qué a Adán y a Eva Yhave los maldijo haciéndolos mortales,
mientras que a Caín lo hizo inmortal? En su libro “Demian”, Herman Hesse le
confiere a La Marca una fuerza y un poder divino, si bien unido trágicamente a
la soledad y el mundo de las sombras. También los gnósticos han interpretado
todas estas historias bíblicas, así como las del Midrash judío, de una manera
totalmente opuesta a la versión “oficial”.
Según los gnósticos, Caín no fue
desterrado, sino que se gano su independencia. En más de un sentido, Caín ya no
pertenece a este mundo, aunque siga habitándolo. Luego, para un gnóstico el no
poder dormir no es un castigo, sino una metáfora que habla de un despertar
espiritual. Por otro lado, La Marca protege a Caín de todo enemigo y daño, lo
cual ha sido interpretado como una transformación espiritual tan profunda que,
aunque el hombre siga habitando el cuerpo, es un inmortal, un intocable. Ya no
le teme a nada, pues está por encima de todo. Por último, los gnósticos afirman
que nadie le puso esa Marca a Caín, sino que él se la gano. Es la prueba
imperecedera de su paso por el infierno, y de su triunfo sobre él.
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Nota: Este ensayo está dedicado a aquellos que saben lo que es ser señalados por ser diferentes, los que saben que no son los hijos favoritos de Dios, los que caminan por la sombra del Valle de la muerte, los que han sido iniciados en la oscuridad, los que se saben lobos caminando entre ovejas, los que han ido al infierno y sobrevivido para contarlo, los que portan con orgullo la marca que nuestro padre nos heredo. Me gustaría decirles, hermanos, que no están solos, pero les estaría mintiendo; en vez de eso, les aseguro que, aunque son únicos en su especie, hay otros como ustedes, compartiendo su frio, su sed, y su sufrimiento, pero también su fortaleza. Sí, estamos marcados, pero no estamos malditos, como nos han hecho creer. Raza de Caín, aprende a vivir en soledad, cuídate de las trampas del amor…




