En "El retrato de Dorian Gray" hay una escena
memorable que desencadena toda la trama: Después de una desastrosa función en
la que Sibyl Vane, la prometida de Dorian, actúa fatal al interpretar a
Julieta, este le reclama y rompe el compromiso, alegando sentirse
profundamente desilusionado de su actuación esa noche (él se había
enamorado de ella por su sensibilidad artística, y ella pierde esa sensibilidad
al enamorarse de Dorian). Las crudas palabras de este provocan el
suicidio de Sibyl. Aunque me parecen crueles, e incluso exageradas las palabras
que Oscar Wilde pone en boca de Gray, siempre he entendido este punto de vista,
pues a menudo, como todo amante de las bellas artes, tiendo a idealizar, y
luego a decepcionarme, de ciertas propuestas artísticas. Sin embargo, apegándome a la metáfora del libro de Wilde, en muchas ocasiones esa idealización, y
posterior decepción, suelen conducirnos por caminos aún más interesante
que el que vislumbrábamos originalmente. Precisamente esto me sucedió ayer al ver la puesta
en escena de "El extraño y retorcido mundo de Alicia", obra que a
continuación reseñare.
Para empezar, la organización fue pésima. En el flyer que se
estuvo distribuyendo por Internet, en físico, y en la página del evento (https://www.facebook.com/events/640523992627159/?fref=ts),
se manejó que la entrada seria libre, pero al llegar al lugar, La casa de las
diligencias (Toluca, Edo de Mex) nos encontramos con que las seis primeras
filas (de doce) estaban reservadas para quienes tenían boleto. Me acerque a
preguntarle a uno de logística si aún podíamos comprar boleto, y este me dijo
que los boletos no estaban a la venta, que eran solamente para directivos de la
Universidad y para prensa (según me dijo este individuo, esperaban a
Televisa, NBC, y Tv Azteca, pero nunca llegaron, y solamente hubo una cámara
grabando, quizá de Radio y Tv Mexiquense).
A las seis pm el lugar estaba a reventar, y como era de
suponerse, la gente, principalmente quienes traían niños, comenzó a
impacientarse y a expresar sus quejas por los lugares vacíos que no se podían
ocupar, hasta que llegó el momento en que todos los que nos encontrábamos hasta
adelante decidimos, arbitrariamente, ocupar dichos lugares. Esto provocó el
enfado de los actores, quienes, contrario a lo que sucede en una función de
teatro profesional, salieron caracterizados a sermonearnos sobre respeto,
argumentando que la venta de dichos lugares se había hecho a través de su página
(https://www.facebook.com/LaNuitAcademiaCircence),
y que si no desocupábamos los asientos no habría función. Muchas personas
comenzaron a alegar con los actores, quienes amenazaron, incluso, con pedirle a
seguridad que los sacara del evento.
Yo me levante del lugar para evitar más conflicto, y algunos decidieron hacer
lo mismo. Entiendo el argumento de la gente de La Nuit al pedir respeto para
quienes compraron su boleto, pero me gustaría que tuvieran bien presente, para
el siguiente montaje, que los primeros en incurrir a una falta de respeto
fueron ellos, pues engañaron al público, quizá sin proponérselo, al
anunciar la función como de entrada libre, y por otro lado reservando tantos lugares
(no creo que realmente se hayan vendido), probablemente para familiares,
amigos, y prensa. A las 6:24 pm, dieron la segunda llamada, y
la directora de La casa de las diligencias, al ver que no se ocupaban los
lugares reservados, comenzó a acomodar a la gente, dándole prioridad a
mujeres y niños (yo me quede de pie), en los asientos desocupados (que eran más
del 80% de los asientos reservados). Finalmente, comenzó la función.
A los pocos segundos de iniciada la obra, vino la segunda
gran desilusión: Los acróbatas (sin ánimos de ser ofensivo, no a todos puedo
llamarlos actores) no pronunciaban texto alguno, sino que trataban de seguir
con los labios (sin éxito), los textos que las bocinas reproducían, cual vil
playback. El audio, debo decir, no era malo, pero si el ingeniero, quien
durante casi toda la introducción (que era la misma que venía en el flyer, pero
leída por una de las acróbatas) tuvo puesto un efecto de "delay", es
decir, un eco, hasta que se percató de su error.
A mi gusto, y creo que hablo por todo el público, habria
sido mucho mejor si los acróbatas hubieran pronunciado sus textos, y agregado un narrador, en vez de
hacernos soportar los diálogos (con doblaje español, en vez de latino) extraídos
del videojuego "Alice madness return", del cual este montaje es
una adaptación. El acento español, y la mala ecualización, impidieron que se
entendiera una sola palabra de lo que escuchábamos por las bocinas (y eso que
yo estaba hasta adelante, frente a una de ellas).
Las acrobacias fueron de buen nivel, y obviamente algunos
acróbatas eran mejores que otros, pero en general lograban ciertos momentos de
tensión (no así la obra) con sus caídas libres, nudos, y figuras (aunque debo
decir que, después de un rato, resultaba monótono). Por cierto, en el espacio
se manejó un solo juego de telas por las cuales los acróbatas subían, se enredaban, y
bajaban; creo que hubiera sido mucho mejor que usaran al menos tres
juegos para, por un lado, llenar el escenario y que no se viera tan vacío (no
había escenografía, lo cual no es necesariamente malo), y por el otro hacer un
poco más de juego y acrobacia. También, como sugerencia, creo que hubiera sido aun mejor el uso de aditamentos como aros, listones, etc. para enriquecer el espectáculo, así como mayor interacción entre acróbatas, para aumentar la tensión.
Respecto a las actuaciones, algunos destacaron, y otros
fueron histriónicamente mediocres, pero, más que culpar a los acróbatas, creo
que la responsabilidad recae en la persona que dirigió el montaje (por ningún lado
pude encontrar quien es el director). El hecho de tener que estar correteando
el playback no les permitía, como actores, gesticular ni tener una adecuada
expresión corporal; luego, creo que se descuidó muchísimo el contenido para
darle prioridad a la forma, y ese es un aspecto que, junto con la logística y
las actuaciones, deberían de cuidar en lo sucesivo. Los disfraces de El gato de
Cheshire, Alicia oscura, y La reina roja, me fascinaron (al igual que las máscaras
de La morsa y El conejo blanco).
Alicia, como acróbata, fue buena, pero desesperaba verla
botando de lado a lado del escenario sin un propósito o acción clara que
justificara su movimiento (error de dirección, no de la actriz). Luego, su
maquillaje. Me parece imperdonable que, en un montaje donde se cuidó tanto
del aspecto estético, y donde varios de los disfraces eran verdaderamente
buenos, no hubieran maquillado a la actriz, mínimo, como loca, pues lejos de
parecer un personaje que sufría locura, se veía una actriz descuidada (y esto
no es error de la actriz, sino del director de vestuario y del
director, nuevamente). La escena donde ambas Alicias pelean fue buena, pero les
hizo falta algo de energía y pulir más la coreografía. En lo sucesivo, como
"training", yo sugeriría unas cuantas clases de Capoeira.
Sobre El gato de Cheshire, puedo felicitarlo por
su disfraz, por sus habilidades acrobáticas, y por su sorprendente
elasticidad (en repetidas ocasiones hizo "split" en el aire), pero su
actuación brillo por su ausencia. El conejo blanco, La oruga, El sombrerero, La
liebre, y una chica que salía de loca (nunca supimos que papel interpretaba, y
no viene en los créditos del flyer), que fue la misma que leyó la introducción,
fueron personajes sumamente grises, lineales y monótonos, y eso si no fue
solamente error de dirección. La reina roja, Lorena Ayala Sánchez, desaparecía
como actriz (se lo atribuyo al fallido playback), y no hizo acrobacia
alguna (no había forma, debido al vestuario), pero su caracterización fue
impresionante, y tenía buena presencia escénica.
Mención aparte merecen tres personajes: El carpintero, La
ostrita, y Alicia oscura. El actor que interpreto al Carpintero, José María
Arroyo Vázquez (quien a su vez dirige la academia acrobática La
Nuit), fue el único que pudo coordinar, en gran parte, el playback con una
adecuada gesticulación. También se le reconoce su habilidad acrobática,
superior a la de los demás integrantes de la compañía, su energía, y su
presencia escénica. Sin embargo, como todo buen actor, no pudo evitar caer
en las trampas del narcisismo, mostrando innecesariamente (no servía al
propósito del personaje) su torso, evidentemente bien trabajado por el
gimnasio.
La ostrita, para mí, se llevó las palmas. Entro al escenario
con toda la energía y actitud necesarias para desempeñar un buen papel (y sin
rastro alguno de timidez, lo cual la hizo adueñarse de inmediato del público).
Luego, su sonrisa e ingenuidad naturales le daban el toque preciso a su
personaje. Finalmente, para sorpresa y tensión de todos, se dio el lujo de
realizar algunas acrobacias (no muy lejos del suelo, para no ponerse en riesgo
innecesario). ¿Mencione que la actriz, Dinorah Scarlet Ramos
Arce, tiene entre diez y doce años de edad?
Finalmente, me gustaría felicitar a Alicia oscura, interpretada
por Deborah Natalia Ramos Arce, quien hizo un estupendo trabajo físico, no solo
por sus acrobacias, sino por su impresionante gesticulación (fue el único
personaje que en verdad se veía perturbador), caracterización, presencia
escénica, y corporalidad (por cierto: Al momento de escribir esta reseña me di
cuenta de los apellidos de La ostrita y Alicia oscura, y obviamente me percaté
de que eran hermanas, por lo que me gustaría, además de felicitarlas
nuevamente, exhortarlas a seguir trabajando del modo en que lo han venido
haciendo hasta ahora, incluso más arduamente. Tienen talento, solamente espero
que nunca caigan en egocentrismos, pues el medio artístico en general, pero en
especial el de Toluca la bella, está lleno de divas).
La música fue otro gran acierto en este montaje. Entre las
piezas que pude reconocer estuvieron "Engel", de Rammstein,
"Miss murder" (con todo y preludio), de AFI, "So long and
goodnight", de My chemical romance, la versión de "Sweet dreams"
de la película "Suckerpunch", y una canción de Marilyn Manson que no
conozco. Sin embargo, hubo algo que no fue de mi agrado: Durante la escena
de La oruga, subió un guitarrista (a quien le falto esforzarse en su caracterización para poder estar al nivel de los demás) a interpretar un solo, acompañando la
pista que corría en ese momento. El volumen de la guitarra era más alto que el
de la pista, por lo que, lejos de escucharse en armonía, sonaba mal. Esto
también provoco que el guitarrista se saliera constantemente de tono y tiempo.
Incluso se le hicieron nudo los dedos al tratar de hacer un
"tapping".
En general puedo decir que valió la pena el montaje, aunque
tuvo momentos algo aburridos (debido al playback) y predecibles
(escena-acrobacia-escena-acrobacia). A pesar de eso, la obra fue bien recibida por el publico, y logro muchos aplausos. Creo que esta fue una buena prueba de
fuego para esta compañía, que evidentemente aspira a algo grande (y le invierten buen tiempo, dinero, y esfuerzo). Si toman las
criticas como algo constructivo, en vez de ataques a su propuesta o ego, creo
que tendrán un buen futuro. Mi consejo en general, lo repito de nuevo, es
cuidar muchísimo más el contenido, la logística, y las actuaciones. Visualmente
su propuesta es muy atractiva, y se ve que tienen buenas ideas. Al público,
lejos de desesperarse o enfadarse por este, seguramente su primer montaje, le
recomendaría que se mantengan al pendiente de los proyectos escénicos de La
Nuit, pues se ve que tienen que ofrecer. Creo que si trabajan duro, y evitan
las actitudes superficiales y egocéntricas propias de una diva (no estoy
diciendo que las tengan), bien podrían llenar dignamente el vacío que hay en
Toluca de buenas propuestas teatrales, como en su momento lo lleno "O de
madera", y representar al Estado de México incluso a nivel internacional.
Por mi parte, seguiré pendiente con optimismo y fe de lo que este
grupo y academia tengan que ofrecer.
Fotografia: Irreverente Gabrielle
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