viernes, 10 de febrero de 2012

El almuerzo desnudo: Conclusiones a un interesante conversación con una socióloga



Desde que empecé a poner atención, primero fue lo "indie", luego lo "emo", luego lo "core", y ahora lo "hipster". Me mantengo observando interesado, pero de lejos y esquivando prejuicios, los cambios constantes que da la moda. No soy metalero, ni gótico, ni hopper o fresa. No me gustan las etiquetas, y tampoco acostumbro usarlas (menos las despectivas y de carácter social, como "prole" o "naco", o de índole sexual, como "lesbiana" o "bugga"). A mi parecer, cada quien es libre de hacer con su vida lo que le plazca, eso sí, respetando la máxima de Juárez: El respeto al derecho ajeno es la paz. Si algo no te gusta, te das la vuelta y asunto arreglado (a menos, claro, que se trate de una injusticia).

La distancia que pongo entre esta generación y yo es debido a su adicción a los gadgets, el culto a la imagen (pose) por encima de la creación artística, su poca o nula tolerancia a otras formas de expresión, su total apatía ante las tiranías y el sufrimiento ajeno, y su falta de voluntad para romper las cadenas que los esclavizan. Ropa, coche, celular, computadora. Las cosas que crees poseer, en realidad te poseen.

Respecto a su generación, los llamados "beatniks", Bukowski decía que eran una bola de borregos idiotizados por las drogas, que predicaban el amor y la paz mientras la ley les machacaba los sesos a macanazos. Por su parte, Marx decía que la religión es el opio del pueblo, mientras Warhol afirmo, acertadamente, que en el futuro todos tendríamos nuestros 15 minutos de fama. Un futuro que ya nos alcanzo. "Popularidad", amargo estupefaciente que a más de uno engaña ofreciéndole probar supuestas mieles: La nueva droga del pueblo. Adaptarse o morir, eso lo entiendo bien, y yo también hago uso de las redes sociales, celulares, tablets, etc. pero creo que cada quien debe de bailar a su propio ritmo.

Esa necesidad de mostrarse diferente a los demás es de la que hablaba Baudelaire cuando predicaba su moral del dandismo. "El dandi debe aspirar a ser sublime sin interrupción: Debe vivir y morir ante el espejo", decía, y me identifico plenamente con ello. Entendido superficialmente, esto puede parecer banal, pero si se le mira de cerca es muy similar a la idea del "superhombre" de Nietzsche, que implica ascetismo, voluntad de superación, capacidad y sensibilidad creativa, tolerancia a la frustración y el sufrimiento, y una constante actitud provocadora. Las pruebas físicas, mentales y morales a las que el dandi se somete, son una forma de templar el espíritu, forjar el carácter, y disciplinar el alma.

Al igual que el bohemio francés, el dandi ingles coqueteaba a ratos con la burguesía y el proletariado, respectivamente; pero mientras el dandi usa su atuendo y educación para evidenciar que no pertenece más que a sí mismo, el bohemio usa sus vicios y sensibilidad artística para mantenerse aparte. Ambas expresiones se rebelan contra la rutina, las leyes y morales opresoras, y una existencia cómoda, vacía, gris y mediocre: La de las masas.

"Anarquía" y "revolución", términos íntimamente ligados al movimiento bohemio. "Inmolación" y "sacrificio", estandartes que ondeaban "alegremente" Baudelaire, Rimbaud y Verlaine. "Contra la sociedad actúan el anarquista y el poeta maldito. Pero a diferencia del anarquista, el poeta maldito no destruye ni busca destruir a la sociedad, sino que se destruye a sí mismo", decía Baudelaire. Luchar, sin importar que la lucha sea contra el mundo o contra uno mismo, o morir en el intento.

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